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Por una comunicación más ética: principios y motivaciones de los medios de comunicación social

La comunicación humana es un fenómeno especialmente complejo porque implica algo más que transmitir un mensaje a un destinatario en un código, un canal y un contexto determinados (cf. Jakobson). La comunicación abarca la vida humana, de modo que aquellos formatos en que esta se cumple a través de las nuevas tecnologías no se puede desgajar del fenómeno humano desde sus cualidades de unidad, totalidad e irreductibilidad. ¿Qué se pretende afirmar con esto? Toda comunicación pone en juego las capacidades humanas de quien comunica como de toda persona que participa de dicha acción compleja. Si se afirma como base la dignidad de la persona humana se ha de mantener que los medios de comunicación están al servicio de la dignidad de la persona humana y, por su carácter social, no solo han de promover el bien individual sino el bien común. La comunicación nace de y fomenta una vita activa, la cual designa “tres actividades fundamentales: labor, trabajo y acción. Son fundamentales porque cada una corresponde a una de las condiciones básicas bajo las que se ha dado al hombre la vida en la tierra” (Arendt 2009: 21). La labor, el trabajo y la acción se concitan en una misma condición humana comunicante en su misma constitución de derechos y obligaciones. De este modo, los medios de comunicación social son inexplicables sin esta triple actividad propiamente humana, debida a una condición ética más originaria desvelada ante la pregunta sobre qué es ser hombre o mujer hoy: “La condición humana abarca más que las condiciones bajo las que se ha dado la vida al hombre” (Arendt 2009, 23).

En la comunicación, verbal o no-verbal, sale a relucir nuestro ser más profundo: “Mediante la acción y el discurso, los hombres muestran quiénes son, revelan activamente su única y personal identidad y hacen su aparición en el mundo humano, mientras que su identidad física se presenta bajo la forma única del cuerpo y el sonido de la voz, sin necesidad de ninguna actividad propia” (Arendt 2009, 203). Es por esto que son necesarios unos principios y motivaciones que articulen una ética de la comunicación social. Entre estos cabe señalar, sobre todo, tres lazos. En el primero encontramos el principio de veracidad, donde existe una koinonía de aquello no solo se supone, sino que es el ser humano en tanto que lo podríamos llamar “verdad”. Los medios no fabrican esta verdad o la manipulan en función de una manipulación externa a la comunicación misma o con el fin de instituir una sociedad de control donde los informados son pasivos. La veracidad es esencial a fin de consolidar una sociedad del conocimiento y de la información donde no la ignorancia no sea una consecuencia. En el segundo, hallaremos la justicia, no solo individual sino del conjunto de la sociedad, según la cual se habrá de respetar el grado, forma y tipo de información que corresponda con tal de no tener que perpetuar situación de opresión o desigualdad. Finalmente, los medios de comunicación social, al ejercer una libertad protegida legalmente, comparten y suscitan la misma libertad de la que gozan en sus múltiples destinarios.

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derechos Humanos Ética Comunicativa Medios de Comunicación

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Hay 12 comentarios en esta ponencia

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      Edison David Andrade Sánchez

      Comentó el 05/05/2021 a las 00:48:34

      Ricardo Mejía Fernández muchas gracias por su ponencia, para quienes nos dedicamos a la docencia universitaria en comunicación es un trabajo muy valioso su investigación. Felicitaciones.

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      Juan Salvador Victoria Mas

      Comentó el 01/05/2021 a las 18:36:31

      La pregunta de Ubaldo no ha sido respondida. Pero no me extraña, creo que es la gran cuestión acerca de la ética. La transmodernidad lo ha "resuelto" con un voluntarismo más radical que el propio categórico de Kant: ese buenismo que acaba en posverdad y desencanto... En cualquier caso, seguro que el ponente tendría mucho que decir aquí... Estaremos encantado de escucharlo!

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      Ubaldo Cuesta

      Comentó el 01/05/2021 a las 12:22:59

      Muchas gracias por tu ponencia sobre ética y comunicación. Posiblemente, al final, la ética sea el fundamento de todo. En este sentido, considerando que citas a Kant, me gustaría hacerte una pregunta relacionada con esto: Kant, en su obra “fundamentos de metafísica de la moral“ afirma que se siente totalmente incapacitado para explicar cómo la pura razón puede ser práctica y que todo esfuerzo y trabajo en este sentido es tiempo perdido. Naturalmente todo su planteamiento ético culmina con el problema de la libertad. Por eso dice que el hombre reconoce ensimismo la libertad porque es consciente de que debe hacer aquello que “tiene” que hacer. La libertad le habría sido desconocida sin la ley moral. Pero claro, a la vista de la discrepancia entre la ley de la libertad (el imperativo categórico m) y un mundo en el que el egoísta poderoso es más apreciado que el que actúa éticamente, Kant se ve forzado a desarrollar el postulado de la existencia de dios, del alma inmortal, del imago dei y de la justicia que terminará por nivelar lo injusto. En un sentido similar Kant vincula el postulado de un dios con la capacidad del hombre de comenzar una cosa por sí mismo (de nuevo, en cierto sentido, la libertad y, para los psicólogos, la capacidad de actuar volitivamente sobre tu entorno, algo que a muchos les inquieta sobremanera).

      La pregunta es:? piensas que es posible en la era post moderna,
      heredera de una rabiosa ilustración, fundamentar la ética sin la existencia de un dios como el propuesto por Kant? Y, en caso afirmativo, cuál sería el fundamento filosófico/ontológico?
      Gracias por tu ponencia!

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        Ricardo Mejía Fernández

        Comentó el 04/05/2021 a las 00:23:41

        Muchas gracias, Ubaldo. Y disculpa pero, al haberme escrito cuando el Congreso ya había finalizado, no se me ha mandado el aviso de tu comentario a mi correo. Te respondo:

        Mi postura, al menos en el plano exclusivamente ético, la considero como diametralmente opuesta a la Kant. No hablo de ética en términos imperativos sino fenomenológicos: al hilo de la condición humana, como "norma normata", que tan bien describió la gran pensadora judía Hannah Arendt. No hacen falta dioses para reconocer que en seres volientes hay lugar para la libertad (una libertad condicionada, esto es, más bien como conquista que como afirmación positivizante), así como para el cuidado de otros seres cuya condición es libre y vulnerable a la vez. También podemos prescindir de una razón endiosada a partir de la empatía, como seres co-sufrientes que somos en la socidad (¿dónde esta el buenismo en esta ética, Juan Salvador?). La batalla del saber contra el deber en Kant para mí es simplemente inaceptable. "El kantismo, [como escribía D'Hont] que es una vigorosa construcción teórica, repre-
        senta la última ciudadela de la oposición a la historia. En el fondo, Kant no aporta nada nuevo a la dilucidación de la vida moral. Su dualismo se limita a codificar, sistematizar y llevar al absurdo una oposición entre lo ideal y lo real que ya se había
        afirmado en el cristianismo, inspirado a su vez por corrientes de pensamiento más primitivas". Que el ideal pueda entrar en la historia no significa que este nos faculte para el terror de la positividad (Han)... más bien para hacer historia finita, precaria (¡pero humana!), y obrar moralmente en la negación y la oposición; en una sociedad plural de seres co-sufrientes que se convocan para des-alienarse mutuamente. Conquistar más libertad en la maleza de la manipulación ideológica es toda una azaña antidualista a la que "hemos" de atrevernos, antes de que nos solo nos arrebaten nuestra identidad sino nuestra dignidad como humanos capaces de cuidar aquellos que se refieren a los seres humano como los ejecutores de un plan revolucionario, reaccionario o totalitario. No es un dios es el que salvará a la libertad sino que la libertad del hombre como fin final de la existencia del mundo nos hace preguntar por lo incondicionado y ese Dios se nos antojará (no como concepto) sino más bien idea regulativa de la mejor de las posibilidades de lo que la razón y la acción humanas no alcanzan en sus propios límites, pero sí pueden pensar.

        Recibe un cordial saludo!

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      Rosa María Macarro Carballar

      Comentó el 30/04/2021 a las 07:16:58

      Muchas gracias Ricardo por tu comunicación.
      Mi campo es la comunicación y me interesa mucho este tema porque llevamos desarrollando varios años proyectos para la prevención de los discursos de odio e intolerancia.
      En esta experiencia hemos podido constatar cómo alguno de los principios que nos hablas no siempre son tenidos en cuenta por personas particulares, profesionales y hasta por medios de comunicación (quiero creer que son una minoría que está teniendo más eco y repercusión del que me gustaría).
      Mi pregunta es la siguiente ¿en qué medica cree que es posible introducir esta necesidad de desarrollar una comunicación más ética en espacios profesionales y en la vida cotidiana?
      Gracias

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        Ricardo Mejía Fernández

        Comentó el 30/04/2021 a las 21:04:14

        Gracias Rosa María. Creo que se confunde muy de manera muy rápida una "ética primera", basada en la dignidad humana, con una "deontología profesional" demasiado centrada en el kantiano imperativo categórico y que juridiza lo que no es sino una ética que se basa en la condición humana que es, constitutivamente, comunicativa. Falta hacer que esta ética primera, obviamente más teórica y filosófica, entre en la elaboración misma de las normas éticas y códigos deontológicos concretos de los medios de comunicación.

        Un saludo muy cordial.

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      Anastasia Ioana Pop

      Comentó el 29/04/2021 a las 18:26:52

      Buenas tardes, Ricardo. Enhorabuena por la investigación, muy interesante, responde a cuestiones muy importantes de la ética comunicativa.

      Me gustaría conocer tu opinión sobre la ética periodística ¿Consideras que la veracidad de la información que llega a la audiencia, a través de los medios de comunicación, pasa por unos filtros éticos de la propia conciencia humana del creador de contenido o, por el contrario, simplemente siguen un patrón ya impuesto por la sociedad?

      Un saludo, Anastasia Pop

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        Ricardo Mejía Fernández

        Comentó el 29/04/2021 a las 22:13:06

        Muchas gracias, Anastasia, por tu pregunta; la cual en gran medida me hace ir más allá en mi investigación. Como habrás visto, esta ponencia tiene que ver más con una "ética primera," la cual necesita de un trasfondo antropológico directo. Por eso, mi referencia a la filósofa Hannah Arendt, la cual también fue periodista, llegando a cubrir el juicio de Eichmann en Jerusalén. Ella intentó ver en el nazi sobre el que informaba a la persona humana, haciendo un esfuerzo ético mayúsculo. Llegó a afirmar que era un hombre del montón, un burócrata, y creyó su alegato de que solamente se limitó a cumplir órdenes.
        Pienso que la ética periodística, al menos la más común en nuestras universidades, se queda (según los autores) en una deontología muy apegada a los textos jurídicos y, por ende, demasiado imperativa externamente. De estas leyes y normas ya sabemos que dependen de los legisladores, y estos de los cambios de partido, de las tendencias sociales, del managament empresarial, de los índices de audiencia, etc. Los periodistas no han de olvidar su propia condición humana en su obrar, como tampoco la de aquellos sobre quienes informan. Pienso que el filtro ético más importante, que mencionas tan bien cuando hablas de una imposición, es la dignidad de la persona humana y su complejidad insoslayable. De lo contrario, serán intereses externos, tanto editoriales como políticos, los que se le impondrán a los periodistas: antes que todo eso, la condición humana es capaz de una acción libre y responsable.

        ¡Un saludo!

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      Manuel-Jesús Cartes-Barroso

      Comentó el 28/04/2021 a las 13:00:11

      Buenas tardes. Soy Manuel Jesús Cartes Barroso, coordinador de este simposio. Gracias por tu aportación.

      Responder


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